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Críticas


Los Premios de FETEN 2016-segunda crónica (Por Ferrán Baile)

Una versión muy original del cuento, con la imaginación inagotable de Pablo Vergne, capaz de transformar en títere cualquier objeto y con el encanto y la gracia en escena, manipulando y moviéndose de estas magníficas titiriteras y actrices y bailarinas, Eva Soriano y Marisol Rozo. Una nueva delicia, que además se atreve a subvertir la literatura universal infantil con un final más amoroso si cabe que el del cuento. (…)       

(…) La Canica Teatro es una compañía joven, nacida en el 2005, de la mano de un gran maestro de los títeres Pablo Vergne. La compañía tiene un estilo y una personalidad muy definida y sus espectáculos encantan por igual a pequeño y mayores. Su espectáculo es muy representativo y magnífico.

La Canica Teatro consiguió el premio al mejor espectáculo de títeres en Feten con su primer espectáculo, El elefantito (2007) y posteriormente el de mejor espectáculo Feten y mejor interpretación femenina, Eva Soriano, por El gallo de las veletas (2013).”          


Títeres y teatro visual triunfan en FETEN 2016 (por Titeresante)

Interesante constatar la importante presencia de compañías veteranas, que siguen al pie del cañón con obras de gran nivel, como La Canica (…)


Poesía con tinta de calamar (por Esther Pulido):

Ayer mi hija pequeña y yo vimos una historia de mar y de amor. Fuimos al Teatro Calderón a ver la Sirenita de La Canica Teatro y salimos de allí muy enamoradas, la verdad. Cuando voy con niños al teatro, trabajo siempre con las expectativas: intento que disfruten el espectáculo antes, durante y después, que es algo que sólo los niños y los adultos que sienten como niños, pueden hacer. Para jugar con las expectativas, suelo hacerles preguntas sobre lo que creen que van a ver, les cuento un resumen del argumento o les pido que imaginen qué son los componentes del decorado y cuál va a ser su función en la historia. Ayer lo tenía difícil, porque el argumento era archiconocido, no había ningún folleto con información sobre la compañía o el montaje y en el escenario nos encontramos el telón negro de la Sala Delibes: cero expectativas. Intenté el plan b:

-Me han dicho que esta sirenita quiere cambiar el curso de la literatura infantil.

-¿Qué significa eso, mamá?

-No estoy segura, pero espero que al menos tenga cola de pez...

-¡Mamá!

Trabajar sobre un cuento clásico es muy tentador para la mayoría de las compañías que hacen teatro para niños, pero no siempre es garantía de éxito, porque a veces el clásico se resiste a las adaptaciones y otras veces el público infantil, que no es tan fácil como algunos creen, se rebela contra la versión moderna. Mientras esperábamos que empezara, mi hija y yo nos formábamos nuestras expectativas: ella, intentando atisbar el escenario y yo, imaginando qué habría hecho La Canica con el cuento de Andersen.

Después de haber visto el montaje, puedo decir que La Canica ha mejorado el cuento, puesto que el pobre Andersen tenía una buena historia a la que dio el sentido dramático característico del siglo XIX, pero nosotras ayer pudimos disfrutar de toda la ternura de esta historia con un enfoque humorístico que nos hizo reír a carcajadas de principio a fin.

El teatro de títeres es un poco cruel con los actores porque su finalidad normalmente es que sean transparentes para el público. Esto era difícil ayer porque nos pusieron por delante a dos actrices de primera que nos encandilaron desde el primer momento con su Sapore di sale: Eva Soriano y Marisol Rozo. Ambas se movieron como peces en el agua por el espacio escénico, convirtiendo el espectáculo en un conjunto de efectos sinestésicos que percibíamos con diferentes sentidos a través de la danza, la música y la voz de las actrices.

En las manos de Eva y Marisol vimos evolucionar a Martina, una sirenita que no quería enamorarse, y a Martín (mi personaje favorito) un vaquero de Lugo al que no le gustaba demasiado el olor a pescado. La escenografía era muy sencilla, con cajas de madera y retazos de tela. Los títeres eran un ejemplo de reciclaje en grado extremo (el sujetador de la sirenita no son dos vieiras, sino un colador de té). Cuando el texto es bueno, no hace falta más: los niños son capaces de ver un pato o un caballo, según el argumento, donde los adultos vemos una bota.

El texto de ayer, a cargo de Pablo Vergne, era muy bueno, Él también trabaja con las expectativas, juega a sorprender al espectador que espera una cosa y descubre otra. El sentido del humor, la ingenuidad y la ternura viajan por los diálogos con un lenguaje infantil, repetitivo, divertido y espontáneo que nos encandiló durante toda la obra. Yo ya sabía que este montaje tenía el premio al Mejor espectáculo de Títeres de FETEN 2016, lo que no sabía era que La Canica Teatro y su director tenían tantos premios que se han visto obligados a dedicar a ellos una página entera de su web, ahora lo entiendo.

Desgraciadamente los 45 minutos pasaron muy rápido y esta sirenita tan poética, que finalmente sí tenía cola de pez, nos dejó con ganas de más y de mar. Nos fuimos de la sala con esa sensación agridulce y la esperanza de que La Canica Teatro vuelva pronto a atracar en un puerto cercano.


La Sirenita de La Canica, un placer para grandes y pequeños (por mamatieneunplan):

“ (…) Ya hace tiempo que habíamos visto El Elefantito, otra obra de la misma compañía que nos dejó con la boca abierta así que, cuando vimos en cartel La Sirenita, no hubo discusión. Se iba al teatro el sábado sí o sí.

(…) Os cuento más sobre esta maravilla (…)

Desde el primer momento hubo magia: música (por cierto, voces preciosas e increíblemente complementarias las de las dos actrices en escena), una luz tenue que evocaba el fondo del mar y, lo mejor de todo: un desfile de títeres hechos con objetos cotidianos que dejaban volar la imaginación…

Los peces son botellitas de colores, el rey Neptuno es una regadera, los pulpos tapas para el microondas, la tortuga (mi favorita) un barreño y una esponja, el cangrejo otro barreño y unas pinzas de ensalada… y, por fin la sirenita y su amado (Martina y Martín), sendas botellas de plástico transparentes con una cabecita de madera. Martina tiene cola (papel de burbuja) y Martín arena dentro de su botella… Una simbología perfecta, sencilla y maravillosa que hace que los personajes cobren vida en un santiamén dejando muy claro a qué mundo pertenece cada uno.

Comenzaban a desfilar uno tras otro y la discusión estaba servida entre los peques: “es una botella”, “¡No! es un pez”… Maravilloso el momento en el que el rey Neptuno lloraba y se sonaba la nariz con sus ropas. Nunca una regadera volverá a ser lo mismo en esta casa.

Y otro elemento mágico: el mar. La tela azul que utilizan las actrices, no demasiado grande, tiene una caída tan increíble que basta rozarla para que los espectadores veamos olas donde no hay más que tela. El resto de los elementos de la escena son de madera que recuerda barcos naufragados en el fondo del mar o distintas partes de una granja cuando la escena discurre en la tierra.

En cuanto a la historia, varios puntos maravillosos:

Cuando los animales del mar descubren que la sirenita está viendo a un humano, los rumores empiezan a circular:

(…) Justo cuando el pez dice que la sirenita no puede ver a un humano, mi hija (y otros tantos niños) preguntan en la sala: ¿y por qué no puede ver a Martín? ¡Qué maravilla! Niños cuestionándose lo que se les dice, pensando, planteándose una razón que a priori no debe discutirse. ¿No es esto un poco de lo que hace falta para que construyan su pensamiento crítico?

“Pero, mamá, si a Martina le gusta ver a Martín, ¿por qué no pueden verse?”, insistía mi hija que en toda la obra no llegó a entender por qué tenían que cambiarse de forma, conseguir una piernas y otro cola, para poder estar juntos.

Además, la historia da un giro importante: como ocurre con Romeo y Julieta, los dos enamorados buscan la solución y ambos se transforman, al mismo tiempo, pidiendo ayuda a la bruja del mar y la de la tierra, respectivamente. Solo por casualidad se encuentran y deciden que su hogar será el mar (otro bonito cambio), donde Martín es tremendamente feliz nadando con su Martina.

Por otro lado, el amor entre los protagonistas no nace en un segundo, con la mera visión del chico guapo o de la chica guapa, sino que se forja en una conexión entre ambos, en sus juegos, sus conversaciones y el descubrir, poco a poco, cómo se complementan y se divierten juntos. Otro punto a favor de la historia que acerca a los niños a un enamoramiento más real y menos superfluo. De hecho, Martín confiesa que le resultaría imposible de enamorarse “de una sirena que huele a pescao” y ella confiesa que le resultaría imposible enamorarse “de un humano al que le huelen los pies”, pero la personalidad de ambos acaba por derribar sus razones.

Resumiendo: una obra de 10 de la que salimos todos presos de una ensoñación maravillosa.  Gracias a La Canica por su obra (el día 25 y 26 vuelven a Segovia con El Elefantito y allí estaremos!) y a Vamos al teatro por el repertorio tan bonito que nos espera en los próximos meses. Obras geniales de grandes compañías.”


El público dice:

“La obra me ha encanto, tanto el montaje, la adaptación del cuento, el escenario, la utilización de materiales reciclados y lo mejor, que mis hijas salieron encantadas con el representación y el final feliz! enhorabuena!!!”

“Genial”

“Nos encantó a todos, papis y niños... Una puesta en escena maravillosa acompañado de una música que te envuelve... Las actrices espectaculares con unas voces que parecían un don de hadas... Maravillosa.” 

“Encantadora!!! Llevé a mi hija de 7 años, nos encantó a las dos... Unas voces y personajes construidos tan graciosos y originales, con todo reciclado. Las actrices desbordan en calidad teatral, destreza escénica. Muy recomendable!!!! “ 

“Sencillamente genial, la sensibilidad de la obra es maravillosa.“