Inicio
La compañía
Espectáculos
Chinchulina
Orfeo
Premios
Prensa y crítica
Equipo artístico
Datos técnicos
Fotos
H. de un calcetín
Sirenita
Gallo de las veletas
El Elefantito
Yaci y la muñeca...
Bubú
Contratación
English

Orfeo

Críticas


FETEN 2020 cierra una edición de lujo marcada por la calidad y el rigor de las propuestas. Obras con premio.  (Por Mamá Teatriz)

“Los premios FETEN que se otorgan al término de la feria suponen el reconocimiento del sector profesional y en consecuencia, una marca de calidad. (…)

El Premio a la mejor versión de un clásico ha recaído en la compañía La Canica, de Pablo Vergne, por su espectáculo Orfeo y Eurídice,  sencillo ejemplo de cómo acercar la mitología a los niños sin aspavientos. La habitual reutilización de materiales reciclados marca de la casa (perchas, cartones, trapos, utensilios de cocina...) con los que construyen títeres y decorados, dos actrices estupendas, y soluciones brillantemente creativas. La veremos también a finales de marzo en Teatralia.”


Fira de Titelles 2021. Orfeo, de La Canica (Por Toni Rumbau)

“En el espacio Orfeó de Lleida se pudo ver el último trabajo de esta conocida y prestigiosa compañía de Madrid, La Canica Teatro, creada por Eva Soriano y por el director y titiritero Pablo Vergne: Orfeo. Una obra que se estrenó al FETEN de 2020 y que ya de entrada recibió el premio a la Mejor Propuesta de un Clásico.

De nuevo, se pudo constatar la grande maestría de Pablo Vergne y su capacidad de explicar historias, por complicadas que sean, con los recursos más sencillos, con unos títeres que podríamos denominar ‘de mesa’ (se mueven encima de una mesa) hechos con materiales muy básicos y casi bien abstractos, así como el uso de multitud de objetos cotidianos para la escenografía. Las titiriteras-actrices que interpretaron la obra fueron Daniela Saludes y Esther Blanca. Su dominio de las voces y su larga experiencia al saber estar detrás del títere, como un tipo de dobles alejados pero a la vez próximos a los personajes, fueron los otros ingredientes esenciales de la obra.

El gran mérito de la propuesta es haber explicado el mito de Orfeo sin regatear ninguno de los aspectos más difíciles y oscuros del mito, con una naturalidad absoluta, un ritmo impecable que te atrapa desde el primer momento, un lenguaje fresco e irónico, en la línea habitual de este maestro de la ironía que es Pablo Vergne. Se consigue así la necesaria fluidez narrativa que hace que se entre al universo del mito con un calzador invisible que nos empuja con suavidad y siempre con la distancia de un humor inteligente y ventilado, como si los aires de la antigua Grecia soplaran desde algún rincón del escenario.

Los espectadores pudimos participar en este drama de la posesión de los arquetipos que son los dioses, que juegan con los mortales como se los apetece, mientras nosotros, los humanos, nos dejamos llevar, como corderos que obedecen dóciles y obedientes a estos señores con sombrero de copa que son los arquetipos a los cuales rendimos homenaje, como Freud tan bien nos explicó. El amor, la pasión, los celos, la desconfianza, la incertidumbre…, todos estos conceptos desfilan por el escenario de La Canica, y el espectáculo se convierte entonces en una experiencia de conocimiento, en un ritos contemporáneo dirigido a los niños y a los adultos por un igual, al cual irrumpe a escondidas aquel enigmático aliento de los Misterios Órficos de la Grecia antigua.

Lo consigue La Canica sin renunciar ni a la calidad ni a las profundidades del mito, básico y fundamental para tratar como dios manda al público familiar e infantil.

Después de obras tan exitosas como Historia de un calcetín, Sirenita o El Elefantito, La Canica ha encontrado con Orfeo una plenitud y un ‘savoir faire’ admirables, en la línea de un teatro clásico que se sustenta en la libertad absoluta en cómo explicar una historia. Un camino de trabajo siempre rico en agradables sorpresas."


Orfeo de La Canica Teatro" (Por Ana Martínez elpequenoespectador.es)

“Cuando entramos en la sala, no sabíamos qué encontraríamos allí dentro. El esquemático y sobrio escenario negro montado en el centro no sorprendía, más bien corroboraba lo que ya sabíamos, que sería una obra de marionetas. Pero lo que no sabíamos era que se trataría de un espectáculo de marionetas nada convencional, puesto que las marionetas estaban hechas con materiales cotidianos (lo cual sorprendió y gustó mucho a los pequeños espectadores) y que además, nos llevaría directamente a la antigua Grecia para enseñarnos la historia de Orfeo y Eurídice con todo lujo de detalles, conservando en todo momento la esencia de este relato mitológico y presentándola de una forma elegante y sencilla, combinando elementos trágicos con elementos cómicos, a través de un lenguaje poético, melodías armoniosas y referencias humorísticas que arrancaban las tímidas carcajadas de un público que se mantenía en un constante estado de expectación y concentración.

Fue un viaje mágico gracias a la combinación entre las marionetas y el teatro, la comunicación entre el cuerpo de las intérpretes y los diferentes objetos que intervenían en la obra era tal que en ocasiones lograban integrarse como si de un solo ser se tratase, todo esto acompañado de un melódico y armonioso texto que contribuían a la creación de un lenguaje escénico único. Y así precisamente es como lo vivieron los pequeños espectadores, quienes quedaron fascinados por esta combinación: “qué raro ha sido, era como si las personas y las marionetas fueran uno solo” (Jaime, 7 años), “no podía parar de mirar, era como ver a las personas en los objetos, ni en las pelis pasa eso” (Julia, 10 años). Lo cierto es que fue una obra impecable e inspiradora, llena de objetos y simbolismos que enganchaban al espectador y le guiaban por un camino de infinitas emociones mientras narraban la historia de los protagonistas con un lenguaje armónico y cautivador que dejaba completamente hechizado al público, en un estado constante de expectación y ansiosos por saber qué pasaría a continuación. Tal fue la conexión que consiguieron con el público que cuento terminó la obra se notó una generalizada sensación de decepción, no porque la obra no estuviera a la altura, al contrario, fue porque querían más, el público estaba tan ensimismado que no se podía creer que ya hubiese terminado ese viaje, no queríamos que terminase aún.

Algunos espectadores abandonábamos la sala recitando las pegadizas melodías, otros recitaban frases de la obra y otros seguían asimilando todo lo que había pasado dentro de la sala, signo de que se trata de una obra que llega al espectador y deja huella. Lo que no me esperaba yo es que, al llegar a casa con mis pequeños espectadores, estos arrasarían en la cocina con cucharas de madera, trapos y otros elementos para crear sus propias marionetas y escenificar leyendas de la mitología griega. Desde luego se trata de una obra inspiradora que no deja indiferente a nadie."